Track 02: ALIEN ¿SUPERSTAR?
¿A cuántos balls ha asistido Beyoncé? ¿Cuáles son las bases sobre las cuales Beyoncé puede hacer un disco y una gira inspirada en la cultura ball sin ser considerada una multimillonaria apropiadora cultural? ¿Basta con ser negra? ¿Es porque es famosa o simplemente porque es Beyoncé puede hacer lo que quiera? Estas preguntas rondaron mi cabeza cuando Beyoncé sacó Renaissance el año pasado y se revitalizaron en estas semanas que comenzamos a trabajar en el Club Summer Renaissance Kiki Ball.
Después de investigar y buscar declaraciones de las personalidades del ballroom que ubico, mi conclusión tiene dos partes. Efectivamente, Beyoncé puede hacer lo que quiera sólo por ser Beyoncé; pero, por otro lado, Beyoncé estudió profundamente la cultura ball cuando hizo Renaissance inspirado en ella. La señora es una perfeccionista y nos tiene acostumbradxs a hacerlo todo bien. El verdadero Virgo’s Groove, supongo.
Uno de mis músicos favortios es Cakes da Killa, un rapero queer negro que incorpora mucho el house en sus grabaciones; en 2020 sacó un EP glorioso junto con Proper Villains llamado Muvaland EP que todo el mundo debería escuchar. El año pasado, cuando sacó su álbum más reciente –Svengali—declaró lo siguiente en una entrevista con The Guardian:
No culpo a los artistas mainstream por obtener su inspiración de la cultura alternativa porque ellos necesitan cosas interesantes de qué hablar. […] Siento que como artistas negros, es importante que haya alguien en el nivel de Beyoncé que eleve lo que la gente describe como subcultura —porque para mi no es una subcultura, es mi cultura. Solo quisiera que los consumidores hicieran su investigación acerca de los pioneros y las personas que lo han estado haciendo desde antes. El ballroom y el drag no son términos de moda ni tendencias, son realmente estilos de vida y la gente debe respetarlos como corresponde.
Me parece que la declaración de Cakes captura ambas partes de la situación. Por un lado, Beyoncé en tanto artista mainstream no sólo reconoce la cultura alternativa, sino que la amplifica, exponiendo a sus escuchas a sampleos de canciones icónicas del ballroom ("Cunty", "Miss Honey", etc.) Muchxs nos conmovimos al ver en redes sociales la reacción de Kevin Aviance durante su asistencia al Renaissance Tour —menos mal que Beyoncé le invitó y le pichó el boleto, por cierto—. Por otro lado, Beyoncé claramente hizo su investigación y se acercó a personas que tienen mucho tiempo trabajando en la escena ball, como los productor MikeQ y Honey Dijon, a quien invitó a colaborar en la producción de varias pistas del álbum. Dijon incluso señaló en una entrevista que, durante la creación de Renaissance, envió a Beyoncé libros acerca del voguing y sobre el documental Paris is Burning. Kevin Aviance también declaró en una entrevista para Billboard que era evidente que “Beyoncé está haciendo su tarea”.
Hablar de investigaciones y de "hacer la tarea" da la impresión de que el acercamiento de Beyoncé al ballroom es principalmente intelectual. Sin embargo, esto podría no ser el caso. Es bien sabido que el Uncle Johnny que le hizo el vestido de spandex barato en "HEATED" y a quien el álbum está dedicado era un familar muy cercano a Beyoncé, un hombre gay que lucho contra el VIH/SIDA y quien la introdujo a la música house. En una entrevista de 2006 con The Independent, Beyoncé hizo un guiño a este tema:
[Beyoncé] piensa en su personalidad del escenario como una mujer llamada Sasha, y me dice lo mucho que se ha inspirado en todo el circuito drag-house en los Estados Unidos, una parte poco discutida de la cultura afroamericana donde hombres gay de la clase trabajadora canalizan el ultraglamour en shows de pasarelas. “Todavía tengo eso en mí […] pero hay un lugar y un momento apropiados para las cosas”.
Podemos imaginar, quizás, que el Tío Juanito introdujo a Beyoncé al ballroom. Tal parece que este acercamiento de Beyoncé a la cultura ball tiene una profunda conexión emocional. Qué afortunadxs nosotrxs de que el momento y lugar apropiados sean aquí y ahora.
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Recurrí a esta breve investigación documental porque yo mismo cuestiono mi participación la escena local y lo que significa para mí acercarme nuevamente al ballroom tanto a nivel político como personal. En este proceso ha sido inevitable revisar mi primer encuentro con la escena por allá en el lejano año 2008.
Mi encuentro con la cultura ball fue uno principalmente intelectual, resultado de mi actividad académica juvenil.
Al estudiar la licenciatura en Letras Inglesas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM descubrí la crítica feminista, los estudios poscoloniales y la teoría queer; desde entonces pienso ese proceso como el redescubrimiento de mi brújula moral. Al explorar estos temas, llegué inevitablemente a Judith Butler, a la teoría de la performatividad del género y a Bodies That Matter, uno de sus dos libros más importantes para establecer el paradigma del género como acto performativo y la distinción entre sexo y género en las ciencias sociales. En Bodies That Matter, Butler dedica un capítulo completo llamado “Gender is burning” al documental de 1990 Paris is Burning y al texto de bell hooks (una importante pensadora afroamericana) sobre el mismo documental titulado “Is Paris Burning?”. Ambos textos son fantásticos, pero lo importante en este caso es que el documental se encontraba en el centro de las discusiones teóricas que estaba estudiando, así que decidí explorarlo.
Paris is Burning (1990) es un documental hecho por una cineasta lesbiana blanca llamada Jennie Livingstone que se enfoca en la cultura ballroom en Nueva York de finales de los 1980. El documental muestra casas vogueras y legendarias personalidades del como House of Xtravaganza, House of LaBeija y al mismísimo Willi Ninja de la House of Ninja. Ver este documental me abrió los ojos a un conjunto de realidades que en 2008, a mis 22 años, como un muchacho cis gay de la clase media de la CDMX hasta entonces desconocía, entre ellas, a la escena ball. La película me pareció triste, en realidad, y perturbadora. En retrospectiva, concuerdo con la crítica de bell hooks en “Is Paris Burning?” cuando señala que, como mujer queer negra, la película le resulta un poco perniciosa en la medida en que retrata las comunidades queer negras y latinas de clase baja como un espectáculo para las clases media y alta desde la perspectiva de una lesbiana blanca que no forma parte de la comunidad.
Aquí doy un salto cuántico al año 2014 (¿quizás 2013?). Mi entonces muy querido amigo y sensei Omar Feliciano alias Franka Polari me pregunta por Facebook Messenger si sé qué es el voguing. “Claro, un estilo de baile típico de las comunidades urbanas queer negras y latinas de clase trabajadora que Madonna se apropió en los 1990”, le respondo, “Sí vi Paris is Burning”. Me responde que todavía hay una escena ballroom, que quiere que la escena suceda en México; que tiene varixs conocidxs con interés en formar casas y que quiere fundar una casa multidisciplinaria de la cual yo sería parte: House of Apocalipstick. Recuerdo un primer evento en un bar en Garibaldi, esa noche conocí a La Mendoza. Después comenzaron las prácticas, dos veces a la semana, a las cuales nunca pude ir por mis horarios de trabajo. Más adelante recuerdo un ball en un bar en la colonia Roma. Omar me cuenta que planea una exhibición de voguing en un museo de la CDMX; le comparto mis reservas, que no me agrada la idea de exhibir a la comunidad como pieza de museo para el consumo blanco heterocis. Más tarde vino nuestro desencuentro por cuestiones personales que no vale la pena registrar y mi subsecuente expulsión de Apocalipstick. La parte más dolorosa fue perder a un buen amigo; la más traumática fue ver la cara más desagradable de alguien a quien por muchos años admiré y a quién consideré mi mentor.
Otro salto cuántico. Esta vez a febrero de 2020. Con la pandemia de COVID-19 vino también su muerte, y con ellas las acusaciones de acoso y abuso sexual, de las cuales yo —al igual que muchas otras personas cercanas a ella— nunca supimos nada anteriormente. De Franka aprendí muchísimas cosas, pero su enseñanza más importante fue que no quiero ser cómo ella. Saludos afectuosos hasta el inferno, mi Tipi. Si me vieras ahora, serías el primero en cancelarme por andar involucrado en la organización de kikis. Mi Franka Polari, que en Gloria Estefan y en pants espante.
Cuando mencionaba en el Track 01 que involucrarme en la escena ball de Yucatán significaba hacer las paces con el pasado me refería a esto. Por muchos años miré con sospecha la escena porque veía en varias vogueras en redes sociales replicar y reflejar las actitudes y acciones menos bondadosas de mi Franka Polari. Si bien no puedo simplemente sacarme el ojo crítico, si debo reconocer que mi acercamiento al ballroom Yuca y las amistades que he hecho que forman parte de la comunidad me han mostrado también otra faceta: el ball como un espacio gozoso, un espacio donde las disidencias sexo-genéricas y las personas racializadas pueden existir y manifestarse, redescubrir y reapropiarse de su identidades, de sus cuerpos y expresiones, un espacio donde pueden sanar y ser felices, una comunidad que se apoya y que resiste. Es en esta medida que entiendo que el ballroom es un espacio que debe ser resguardado.
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“Alien” es una palabra curiosa. Sí, se refiere a seres de otro planeta; en el contexto de Renaissance alude a Beyoncé y las disidencias sexo-genéricas que son únicas, con demasiada clase para ser de este mundo; pero también se refiere a lo extranjero, a las personas que cruzan fronteras para llegar a país que no es el suyo, quizás incluso a un espacio que no les corresponde. ¿Qué haces organizando una bola?
Honestamente, no sé qué responderme. Sé que mi afiliación política está con las disidencias sexo-genéricas (de las cuales me considero parte) y en contra de cualquier posición y acción culera que pretenda deshumanizar a las personas y tratarlas de manera injusta y desigual; sé que admiro a muchxs personas racializadas y sus contribuciones al pensamiento, a la música, al arte y a la cultura en general; sé que cada vez es más necesario tener espacios para disentir, para explorarnos, para gozarnos, para crecer y aprender; sé que quiero mucho a mis amigxs voguerxs y que quiero contribuir en la medida de lo posible a que logren lo que quieren y a su bienestar y felicidad; sé también que me gusta la música electrónica, bailar y el despapaye.
Son raros los aliens, también. En el cine suelen son seres más bien perturbadores, que buscan invadir, que se introducen para destruir, como los migrantes según los grupos conservadores en países del primer mundo, o como los huaches en Yucatán. No siempre pensamos en los seres vulnerables que necesitan ayuda y protección como E.T. , o en los que buscan ser aliados como los de Arrival; esos también son aliens. ¿Han visto Doctor Who? Si tuviera que escoger un alien, me gustaría ser un eterno enamorado de las maravillas del universo y la diversidad interestelar como el Doctor: un alien que ama a los aliens, quizás.

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